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Enclavada en la desembocadura del
río Amstel, la capital de los Países
Bajos es una cuidad que durante los últimos tres
siglos ha tenido que librar una batalla diaria con el
agua ya que se encuentra a más de tres metros
por debajo del nivel del mar. Es por ello que Amsterdam
es atravesada por una gran red de canales que lejos
de perjudicarla, la ha dotado de un atractivo
inigualable. Como veremos a continuación,
la conjunción de ladrillo y agua ha convertido
a esta ciudad en una de las más espectaculares
y monumentales de toda Europa.
El corazón de la ciudad es la
Plaza Dam, que significa “dique”.
Este nombre recuerda que la plaza se construyó
sobre el lugar donde se levantó el primer dique
de Amsterdam en el siglo XIII. En esta plaza se encuentra
el enorme Koninklijk Paleis o Palacio
Real que fue construido en 1648 para albergar el Ayuntamiento
y transformado por Napoleón en su residencia
oficial dos siglos más tarde. Junto a él
está la llamada Nieuwe Kerk o Iglesia Nueva,
de principios del siglo XIV, donde
se corona la realeza holandesa. En la misma Plaza está
el Nationaal Monument, un obelisco
de 22 m. de altura dedicado a los caídos durante
la Segunda Guerra Mundial, y el famoso Museo de Madame
Tussauds o Museo de Cera de Amsterdam que goza de una
enorme fama internacional.
Hacia el oeste está el campanario
más alto de la ciudad, el Westerkerk. Sus 85
m. de altura permiten admirar el precioso entramado
acuático de la ciudad. A los pies de la iglesia
se levantó una estatua en honor a Ana Frank y
no muy lejos está su casa, hoy reconvertida en
Museo. También es interesante caminar por las
calles de la zona oeste que hay entre los cuatro canales
concéntricos de Singel, Herengracht, Keizersgracht
y Prinsengracht. Casi todas las casas
fueron construidas entre los siglos XVII y XIX, y la
mayoría de sus fachadas están inclinadas
hacia adelante como la del número 182
de Singel o la del número 66, considerada
la más estrecha de la ciudad.
No muy lejos de allí se encuentra
el Begijnhof, que fue un convento laico durante el siglo
XIV, y Bloemenmarkt, un espectacular mercado de flores
con algunos puesto flotantes. Descendiendo hacia el
sur nos topamos con la animada plaza de Leidseplein
en donde hay que pararse en uno de sus cafés
para disfrutar del ambiente callejero. El Vondelpark,
y el famoso distrito de los Museos, con el celebre Rijksmuseum
y el Museo Van Gogh, son paradas ineludibles.
Y para terminar, nada mejor que ir hasta Maguere
Drug, el único puente de madera levadizo
de la ciudad, desde el que se contemplan unas vistas
de inigualable belleza.
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