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Amsterdam es una de las pocas ciudades
europeas que despiertan la curiosidad de viajeros de
todo tipo de edades debido a la grandiosidad de su patrimonio,
a sus museos y, sobre todo, a su peculiar estilo de
vida. Esta maravillosa ciudad se suele identificar con
la libertad de expresión, de
costumbres y de hábitos y tanto es así
que uno cuando llega cree haber aterrizado como mínimo
en otro continente.
René Descarte dijo en una ocasión
“¿Qué otro lugar hay donde se pueda
disfrutar de una libertad tan completa?”
y la verdad es que no iba desencaminado porque a raíz
del movimiento Provo, secundado por numerosos intelectuales
bohemios que vivían en la ciudad allá
por la década de los 60 ó 70, se aprobaron
numerosas leyes sociales notablemente progresistas y
controvertidas como la legalización
de la marihuana y otras de carácter
sexual.
A raíz de esa revolución
social, numerosos temas tabú para el resto de
Europa fueron tratados por la sociedad holandesa.
Los hippies contribuyeron a la búsqueda de la
igualdad entre personas de diferente sexo, a la lucha
por la libertad de expresión
y al derecho a usar el preservativo, al igual que en
el caso de las mujeres solteras de recurrir a la inseminación
artificial.
Desde finales de los sesenta,
el tema de la libertad de orientación sexual
fue tratado y aceptado por la casi totalidad de la población
y es por ello que hoy en día es normal encontrar
a multitud de familias de gays o lesbianas casadas y
con hijos. La calle Reguliersdwarsstraat, junto a la
plaza de Rembrandtplein, y el Barrio
The Back Side, son conocidos lugares
de reunión gay, al igual que el Club
iT, uno de los locales con más ambiente
de toda Europa. Las fiestas gays más multitudinarias
de la ciudad son: la Queen´s Day Orange Weekend,
del 28 al 30 de abril, la Canal Parade, del 4 al 6 de
agosto, y a finales de octubre, la Leather Pride.
Pero el ambiente de puro liberalismo
también se respira en otros rincones de la ciudad
como en el archiconocido Barrio Rojo en el que, cada
noche, cientos de prostitutas se exhiben a través
de los escaparates de las casas. Esta actividad fue
legalizada y regulada por el gobierno holandés
lo que mejoró notablemente sus condiciones laborales.
Los cofee shops es otro de los baluartes del
estilo de vida liberal holandés.
Éstos son pequeños cafés en los
que la venta y consumo de ciertas drogas es legal, de
ahí el fuerte atractivo que estos lugares tienen
a nivel mundial.
No es de extrañar, pues, que
Amsterdam tenga una enorme diversidad
cultural e inmigración ya que proporciona una
cómoda y respetuosa acogida a cualquier viajero,
independientemente de sus ideales.
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