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Situado en el mismo centro histórico
de Amterdam, el Barrio Rojo es la zona
más visitada de la ciudad. Antes barrio de pescadores,
se estableció sobre el dique que se construyó
en Amsterdam para protegerla de las mareas. Comienza
en la plaza del Dam y se extiende desde
la calle Damrak al oeste hasta la plaza
Niewemarkt al este. Es famoso por la prostitución
que se ejerce en los escaparates de sus calles y por
la manera en que su sociedad convive con ella.
El Barrio Rojo es ejemplo de lo tolerante
que puede ser la sociedad holandesa. Por sus calles
vemos vecinos de toda la vida, estudiantes,
turistas, prostitutas, camellos, mendigos, drogadictos,
se respira tolerancia que permite a quien sea ser como
es sin ser molestado. Sobre el respeto por el otro que
existe de por sí se apoyan las leyes holandesas
que dan el margen para que se cree su particular
ambiente. Así pues, muchas personas
se ven desplazadas desde otras zonas de la ciudad a
la libertad del Barrio Rojo.
Ya en la Edad Media el Alguacil del
barrio era el encargado de administrar los burdeles
de la actual calle Damstraat. En el
siglo XVII, tras un periodo de prohibición,
aparecen lo que se entiende como sus primeras vitrinas:
las prostitutas comenzaron a exponerse desde sus propias
ventanas y puertas de sus casas o habitaciones. En la
actualidad la prostitución está legalizada
y cada prostituta paga su seguridad social y sus impuestos
como cualquier otro trabajador del país.
Es posible que el Barrio Rojo
sea uno de los espacios urbanos más seguro donde
comprar sexo, y las autoridades se enorgullecen y lo
explican al visitante. Sus profesionales pasan rutinarios
controles de salud y en pleno barrio encontramos una
clínica pública que atiende
consultas sobre enfermedades de transmisión sexual
a las prostitutas y sus clientes de forma anónima.
Pero más allá de sexo
es un centro de importante vida cultural y nocturna
y una de las zonas que posee la arquitectura más
atractiva de Amsterdam. Encontramos sus calles pobladas
por las típicas casas de la ciudad exageradamente
inclinadas y de espectacular belleza. La iglesia de
Oude Kerk, es otro de sus símbolos
arquitectónicos, una iglesia católica
rodeada de escaparates de luces rojas, que data del
siglo XIV, y en cuyo interior alberga una pequeña
basílica ¡del año 112!
Sus calles están repletas de
bares, sexshops, gente, cerveza y no se corre mayor
riesgo que el que se puede correr por cualquier otra
ciudad. Su gente es agradable. Muchos de sus locales
son únicos: el De Banannenbar
(Bar de la Banana) o el night-club
Caos Ros, que hay que ver, pero por favor, no entréis
con niños.
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